Historias personales

Antonio García: “A veces hay que luchar sin mirar si llevas dinero a casa”

El exlíder sindical, en compañía de su mujer, recuerda el duro sacrificio que supo construir las bases de CC OO en plena dictadura franquista

Antonio García y su mujer, Rosalía Sánchez, sentados en el sofá de su casa, juntos.
Antonio García y Rosalía Sánchez, su mujer, en el sofá del salón de su casa. Fuente: Ramiro Migone
Ramiro Migone Ramiro Migone

Hoy en día, es común escuchar hablar de Comisiones Obreras (CC OO) y la UGT, los sindicatos referentes en España en la defensa de los derechos laborales y condiciones justas. Sin embargo, recién la llegada de la democracia, tras la muerte de Franco, les permitió convertirse en lo que son actualmente. Durante la dictadura, el Sindicato Vertical era la única organización legalizada, mientras que las históricas CNT y UGT fueron proscritas y forzadas a pasar a la clandestinidad. Antonio García (88 años) es uno de los testimonios que puede contar desde los inicios, cómo nuevos movimientos lograron infiltrarse y echar raíces en el seno de las estructuras sindicales del régimen, para socavarlo desde dentro.

Nacido en Montilla (Córdoba) el 10 de junio de 1936, las consecuencias de la Guerra Civil llevaron a su familia a emigrar a Sant Joan Despí (Barcelona) en mayo de 1950. Después de un tiempo trabajando en la fábrica de Siemens en Cornellà, se marchó a la sede de Stuttgart (Alemania), donde tuvo sus primeros contactos con el sindicalismo. Entremedio, regresó a para contraer matrimonio con Rosalía Sánchez (1961), con quien hoy tiene 4 hijos. Esta experiencia fue el detonante para que, una vez regresado a España, se infiltrase en el movimiento sindical franquista con el respaldo del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) y contribuyese a sentar las bases de lo que hoy es CC OO.

Inicios en el sindicalismo

A los 16 años, entró en Siemens (Cornellà) gracias a que el suegro de su hermana, de origen alemán, le consiguió un puesto. En esta primera etapa, estuvo 3 años (1953-1956) allí, antes de hacer el servicio militar. Sin embargo, tras la denegación de una solicitud para mejorar su puesto, optó por marcharse. Por eso, al finalizar la ‘mili’ (1958), se encontró sin trabajo ni rumbo. Fue entonces cuando su cuñado, hijo de quien le había facilitado la entrada en Siemens, le propuso marcharse a Stuttgart (1959-1962). “En Alemania había mucha demanda de trabajo, porque no había mano de obra”, cuenta García.

La adaptación no fue fácil. “Me costó mucho, porque fue un choque cultural inmenso: el idioma, la forma de trabajar, lo engreídos que son…”, reconoce. No obstante, en Casa de España conoció a algunas personas afiliadas al Partido Comunista Español (PCE), con las que acabó formando una célula del PCE en Stuttgart. En la Alemania Federal, los sindicatos eran libres, de modo que García y sus compañeros se afiliaron al sindicato del metal para poder presenciar y organizar asambleas. Su mujer, Rosalía Sánchez recuerda que, por aquel entonces, “los hombres acudían a las reuniones comunistas y no nos explicaban nada ni nos concienciaban a las mujeres sobre su lucha”.

Regreso a Cataluña

Cuando, después de 3 años, ambos regresaron a Cataluña, García consiguió reincorporarse a su antiguo puesto en Siemens. Tras haber conocido de primera mano el funcionamiento del sindicalismo alemán, llegó con la convicción de luchar por implementar algo de todo eso. En consecuencia, se afilió al PSUC con el fin de presentarse a elecciones para obtener cargos dentro del Sindicato Vertical. Así comenzaron los llamados procesos de infiltración, que buscaban reducir las posibilidades de que aquellos alineados con el régimen salieran electos. Fue a partir de este momento que se empezó a hablar de CC OO.

De forma clandestina, estos delegados sindicales fueron consiguiendo progresos para los trabajadores de Siemens mediante convenios de fábrica. Entre los más destacados, por ejemplo, haber quitado las horas laborales de los sábados -hasta ese entonces se trabajaba hasta el mediodía-. Además, se consiguió que, en caso de fallecer un trabajador, si estaba casado, su mujer podía entrar en su lugar. “Como presidente de la Sección Social del Metal de Cornellà, yo tenía un arma importante para trasladar los logros alcanzados a las demás fábricas de la comarca para que también empezaran la lucha”, explica el exlíder sindical.

Línea de tiempo sobre la vida personal de Antonio García

La Modelo y Vía Laietana

Si bien en la fábrica de Siemens los delegados sindicales eran tolerados y disfrutaban de cierta libertad, en plena dictadura, la represión del régimen franquista fue la principal amenaza. Cuenta García que durante una reunión sindical clandestina en la iglesia de Almeda (Cornellà) en 1967 -el espacio lo había cedido el cura de la misma-, la Guardia Civil lo detuvo junto a otros 15 compañeros y los llevó a la comisaría de Vía Laietana. Finalmente, el Tribunal de Orden Público estableció una pena de 3 meses de prisión en la cárcel Modelo de Barcelona, que se hizo efectiva en 1969.

En Vía Laietana no se aceptaban visitas. “No sabíamos si estaban vivos o muertos. Yo le mandaba un documento para firmar que me permitía retirar su semanada en la fábrica, era mi forma de confirmar que seguía vivo”, explica su mujer.

Para García y el resto de compañeros en esa situación, el apoyo de los demás trabajadores de Siemens fue vital para poder subsistir. “Incluso aquellos que no participaban activamente de la lucha sindical contribuían económicamente”, señala Sánchez. “De no haber sido por el dinero recolectado por mis compañeros y mi mujer, me hubiera muerto de hambre, porque no recibimos ayuda de nadie de nuestra familia”, asegura el exlíder sindical.

Comisiones Obreras hoy

A partir de la muerte Franco (1975) y el fin de la dictadura, el sindicalismo clandestino en general floreció. Partidos como el PCE y el PSUC fueron legalizados, mientras que CC OO y UGT pasaron a ser los sindicatos mayoritarios. Fue a partir de la Transición a la democracia, por lo tanto, que se pudieron ver realmente los cambios impulsados por todos aquellos como el protagonista de esta historia.

Ahora, CC.OO. ha dejado el activismo. Sin embargo, si bien es cierto que los tiempos que corren hoy ya no son los de finales de los 70 e inicios de los 80, según García, también lo es que las condiciones están dadas para hacer mucho más de lo que se hace. “Al movimiento sindical de hoy le falta gente que tenga inquietud y la convicción de resolver los problemas de la gente. Hay que tener ganas de luchar, sin mirar, a veces, si llevas dinero a tu casa”, sentencia.

A sus 88 años, desde la tranquilidad de su hogar y rodeado de su familia, Antonio García y Rosalía Sánchez siguen siendo fieles testigos de una de las etapas más oscuras de la historia de España. Testigos de un contexto social que, lamentablemente, en reiteradas circunstancias parece no haber sido superado aún. Pero, sobre todo, testigos de la importancia de mirar hacia atrás sin miedo y recordar el pasado para poder diseñar un futuro.

Ramiro Migone

Nací en Argentina, Buenos Aires, y soy estudiante de tercer año del doble grado en Periodismo y Ciencias Políticas (Relaciones Internacionales) por la Universitat Abat Oliba CEU. Soy un apasionado por aprender cosas nuevas, escribir, leer, viajar y conocer el mundo. Me caracteriza una gran vocación por el periodismo, la comunicación y el ‘mundo’ de la política. Además, otros de mis centros de interés pasan por los idiomas, la historia, la filosofía y los deportes.